Descripción
El puesto de cocinero en un centro residencial consiste en desarrollar las tareas propias de la cocina dentro de un entorno sociosanitario. Las funciones principales incluyen dar soporte y apoyo al jefe de cocina o responsable del área, recibir y controlar los pedidos de materia prima verificando su calidad y estado en el momento de la recepción. Además, el profesional se encargará de elaborar los menús diarios siguiendo las fichas técnicas establecidas para cada plato, garantizando la variedad y el equilibrio nutricional acorde a las necesidades de los residentes. Otra responsabilidad fundamental es conocer y velar por el estricto cumplimiento de la normativa vigente en materia de seguridad alimentaria, higiene y manipulación de alimentos, asegurando que todo el proceso cumple con la legislación aplicable. El objetivo último es garantizar un servicio de alimentación de calidad que contribuya a la mayor satisfacción y bienestar de los usuarios del centro. También se requiere el manejo de herramientas digitales específicas, como DOMUSCHEF, para la extracción de informes de producción diaria y la realización de pedidos de materias primas necesarias, especialmente en ausencia del responsable directo. El trabajo se desarrolla en un ambiente interdisciplinar donde la coordinación con otros departamentos es esencial para el funcionamiento integral del centro. El rol demanda una actitud proactiva, capacidad de trabajo en equipo y una clara orientación hacia el servicio y el cuidado de las personas, entendiendo la alimentación como un pilar fundamental en su calidad de vida. La posición ofrece estabilidad dentro del marco contractual y oportunidades de crecimiento dentro de la organización a través de programas de formación continua. El entorno de trabajo se caracteriza por el respeto, la colaboración y la búsqueda constante de la mejora en los procesos y la atención prestada. Se valora la precisión, la organización y la capacidad para adaptarse a las dinámicas de un centro residencial, donde la planificación y la ejecución de las tareas deben alinearse con los horarios y necesidades específicas de los residentes. La función, por tanto, trasciende la mera elaboración de platos para integrarse en un proyecto de atención global donde la cocina es un servicio esencial. Requisitos
Formación en Hostelería y Restauración. Experiencia mínima de 12 meses en un puesto similar, preferiblemente en restauración colectiva. Se valorará positivamente disponer de cursos de manipulador de alimentos y de utilización de productos químicos de limpieza. También se valorará formación complementaria relacionada con el área y en términos de fomento de la igualdad. Se ofrece
Contrato temporal, jornada parcial entorno al 80%, turnos rotativos de mañana y tarde, incorporación inmediata, ambiente de trabajo colaborativo y respetuoso, conciliación laboral, formación continua, beneficios sociales y desarrollo profesional.