Descripción
El rol implica la participación activa en la vida cotidiana de los menores en un entorno de acogida residencial, bajo supervisión directa. Una función central es el sostenimiento emocional, lo que requiere contener emocionalmente a los usuarios, propiciando relaciones vinculares estables y un entorno de salud en las interacciones. Esto implica el manejo de situaciones de estrés y el fomento de la cooperación, fundamentales para el desarrollo afectivo en un contexto protegido. Este acompañamiento constante busca crear un espacio seguro donde los menores puedan expresarse y desarrollarse. El trabajo diario se centra en la creación de vínculos de confianza que faciliten el crecimiento personal. La capacidad de escucha activa y respuesta empática son pilares esenciales para esta labor de apoyo psicosocial. El objetivo último es contribuir a la estabilidad emocional del grupo y de cada individuo, atendiendo a sus necesidades particulares. Se prioriza un clima de respeto y comprensión que permita la evolución positiva de los residentes. La labor es intensa y requiere una presencia constante y atenta a las dinámicas grupales e individuales. El personal debe ser capaz de gestionar sus propias emociones mientras ofrece contención a otros, manteniendo un equilibrio profesional en todo momento. Es un trabajo que demanda entrega y una gran capacidad de adaptación a circunstancias variables. La construcción de un ambiente terapéutico es una meta compartida por todo el equipo educativo. La supervisión y el trabajo en red son componentes clave para el éxito de la intervención. El seguimiento de cada caso permite ajustar las estrategias de apoyo de manera personalizada. La documentación y comunicación fluida dentro del equipo son prácticas indispensables. La función no se limita a la supervisión, sino que incluye un acompañamiento integral en todas las facetas de la vida diaria. La promoción de hábitos saludables y relaciones positivas es una tarea continua. El equipo educativo actúa como un referente estable en la vida de los menores, ofreciendo modelos de conducta adecuados. La intervención se planifica de forma coordinada para maximizar el impacto positivo en el desarrollo de los usuarios. La evaluación constante de los procesos permite mejorar las prácticas y los resultados obtenidos. La formación continua del personal es un aspecto valorado para mantener la calidad del servicio. La integración de nuevas metodologías y enfoques enriquece la labor educativa y terapéutica. La colaboración con otros profesionales, como psicólogos o trabajadores sociales, es fundamental para una atención holística. El respeto por la individualidad de cada menor guía todas las acciones y decisiones tomadas en el centro. La confidencialidad y el profesionalismo son principios rectores en el desempeño de todas las funciones. Requisitos
Experiencia profesional de 1 a 3 años. Estudios mínimos de Técnico Superior en Integración Social. Al menos un año de experiencia, dentro de los últimos 10 años, en Acogimiento Residencial. Se requiere certificación negativa del Registro central de delincuentes sexuales. Competencias necesarias: Autocontrol emocional, empatía, orientación a resultados, compromiso y responsabilidad, trabajo en equipo, gestión del conflicto, relación con la autoridad, conocimiento y experiencia, profesionalidad. Se ofrece
Jornada de lunes a domingo, con los descansos establecidos por ley. Trabajo de noches. 2 rotaciones: 1. Lunes, viernes, sábado, domingo. 2. Martes, miércoles, jueves.