Descripción
Esta posición corresponde a la figura de un educador o educadora social, profesional esencial para el funcionamiento de un centro residencial especializado en la atención integral de chicas adolescentes bajo tutela administrativa. El perfil de las jóvenes atendidas, comprendido entre los 16 y 18 años, es el de supervivientes de situaciones extremas de violencia, específicamente violencia de género, abuso sexual infantil y trata de personas con fines de explotación sexual. El rol central del profesional será el de proporcionar acompañamiento socioeducativo y emocional durante el turno de noche, actuando como referente seguro en un entorno residencial diseñado para la protección y la reparación del daño.La intervención se desarrolla bajo un marco teórico y práctico que integra de manera indivisible una perspectiva de género interseccional, el enfoque de derechos humanos y los principios de una atención informada en trauma. Esto implica que todas las acciones y dinámicas relacionales están orientadas a evitar cualquier práctica o comunicación que pueda resultar revictimizante, priorizando en su lugar la creación de vínculos de confianza, la seguridad emocional y el fomento de la autonomía progresiva de cada adolescente. El educador será parte de un equipo multidisciplinar comprometido, trabajando en coordinación para la ejecución y seguimiento de planes individualizados de intervención.
El objetivo último del proyecto, y por tanto de la labor diaria del profesional, es acompañar de manera activa y respetuosa los procesos personales de recuperación de las jóvenes. Este acompañamiento busca facilitar la construcción de proyectos de vida independientes y libres de violencia, promoviendo su empoderamiento, su capacidad de decisión y su reinserción social. El contexto laboral ofrece un entorno de aprendizaje continuo y supervisión profesional especializada, fundamental para abordar las complejas necesidades derivadas del trauma y garantizar una intervención de calidad, ética y efectiva.